Difícil hablar esta semana de otro tema que no sea el resultado de las elecciones presidenciales en Brasil. Por el impacto directo que tiene Brasil sobre Argentina, como también por la relevancia sobre toda latinoamérica. Pero también por el juego geopolítico que ejerce EEUU sobre la región, algo que nuevamente es clave para Argentina.
Antes de empezar a hablar de las elecciones, debemos hacer una nueva mención a un tema que es repetitivo: las encuestas perdieron nuevamente, y los mercados de apuesta demostraron ser más eficientes. El promedio de las encuestas ubicaba a Lula en la zona de 45%, y a Flávio Bolsonaro en la zona de 42% (dentro del error estadístico). Polymarket (el mercado de apuestas más conocido) le daba más de 60% de probabilidad a un triunfo de Flávio.
Vamos al resultado de las elecciones del domingo 4 de octubre:
- Flávio Bolsonaro (PL): 47,1% de los votos válidos. Lula (PT): 45,1%. Unos 2 millones de votos de diferencia.
- Es la peor primera vuelta de Lula desde 2002. En 2022 había sacado 48,4%.
- El «tercer bloque» se llevó 7,8%, en su mayoría candidatos de centro y centroderecha: Augusto Cury (2,9%), Renan Santos (2,3%) y Ronaldo Caiado (2,2%), entre otros.
- La abstención rondó el 21%, la más alta en una primera vuelta desde 1998, y eso que en Brasil el voto es obligatorio. Casi 31 millones de personas no fueron a votar.
- Flávio ganó en 15 estados y Lula en 12. Durante el conteo, el senador llegó a rozar el 50%, pero perdió impulso cuando entraron los votos del noreste, el gran bastión del PT.
- Como nadie superó el 50% de los votos válidos, habrá balotaje el 25 de octubre.
Pero un dato muy importante para el mercado y las inversiones en Brasil, es cómo quedará conformado el nuevo Congreso, donde la derecha tuvo su mejor elección legislativa en décadas.
- Senado: el Partido Liberal de Bolsonaro ganó 19 de las 54 bancas que se renovaban y más que duplicó su bloque: pasa a tener cerca de 30 de las 81 bancas y se convierte en la primera fuerza de la Cámara alta.
- Diputados: el PL se proyecta con más de 110 bancas, también como primer bloque, y el conjunto de partidos de centroderecha y derecha tendría una mayoría clara.
- Fragmentación: la cantidad de partidos con peso real en el Congreso cayó a su nivel más bajo en una década.
- Gobernaciones: candidatos de derecha y centroderecha ganaron en primera vuelta los estados más grandes, como San Pablo y Minas Gerais.
Y la familia Bolsonaro también hizo lo suyo: Michelle, la esposa de Jair, ganó una banca en el Senado por el Distrito Federal; Carlos, otro de sus hijos, fue electo senador por Santa Catarina; y Renato (hermano de Jair) y Jair Renan (el hijo menor) entraron a Diputados.
¿Por qué importa tanto? Porque en Brasil ningún presidente gobierna solo. Con un Congreso históricamente partido en decenas de bloques, cada ley se negocia, se cambia y se paga. Un Congreso así le facilitaría mucho las cosas a Flávio para aprobar un ajuste fiscal. Y a Lula, si gana, le haría la vida bastante más difícil.
Hay una lectura más fina que me parece clave: aun en el escenario de un cuarto mandato de Lula, este Congreso funcionaría como un límite al gasto. Para el mercado, eso también es una buena noticia, y claramente es lo que estamos viendo con el ETF de Brasil EWZ subiendo más de 12% en la apertura post elecciones.
¿Por qué tanta euforia en los mercados? La clave es fiscal.
Para entender la euforia hay que mirar dónde está parado Brasil hoy:
- La deuda bruta cerraría 2026 en torno al 83% del PBI y, según las proyecciones de Anbima, subiría a 87% en 2027.
- La tasa Selic está en 13,75%, después de haber pasado casi un año en 15%, el nivel más alto en casi dos décadas.
- La economía se enfría: el mercado espera un crecimiento de apenas 1,9% este año.
Es decir, Brasil paga una de las tasas reales más altas del mundo porque el mercado no confía en sus cuentas públicas. Y ahí está toda la apuesta: si llega un gobierno que ordena lo fiscal, la tasa puede bajar con fuerza. Y cuando baja la tasa, sube todo lo demás.
Las propuestas de los dos candidatos no podrían ser más distintas:
- Flávio plantea un «tijeretazo»: eliminar al menos una decena de ministerios, una agenda de privatizaciones, bajar impuestos y ampliar la explotación de petróleo y gas. Según un análisis de PPI, propone además una reforma constitucional que ate el gasto a la relación deuda/PBI y congele su crecimiento real hasta que la deuda baje, más un recorte de R$ 300.000 millones. Suena bastante parecido a lo que hicieron Milei, Noboa o De la Espriella.
- Lula propone mantener el marco fiscal actual, combinar control del gasto con inversión pública (ampliando el Nuevo PAC, su plan de infraestructura), que los que más ganan paguen proporcionalmente más impuestos, y terminar con la escala laboral 6×1 sin recorte salarial.
¿Cuánto puede valer ese cambio? Acá los números de Wall Street son interesantes. JP Morgan sostiene que la bolsa brasileña cotiza a unas 8,8 veces las ganancias esperadas de los próximos 12 meses, y que podría ir a cerca de 11 veces. Eso es una suba de 20% a 25%. Pero lo más interesante es cómo lo divide: la mitad de esa suba podría llegar muy rápido, casi de inmediato. La otra mitad depende de que se aclare el plan económico, de quién integre el gabinete y de que el contexto internacional acompañe.
Citi, según Bloomberg, es todavía más optimista: habla de una apreciación del real de 6% y de un potencial de suba para las acciones de hasta 50%. Societe Generale ve el dólar en R$ 5,10 a fin de año, con espacio para perforar los R$ 5 en la primera mitad de 2027.
Un dato de contexto que me gusta: en los últimos cinco años, la bolsa de Brasil solo cotizó a múltiplos de dos dígitos a principios de este año, empujada por ingresos récord de capitales extranjeros. Es decir, no estamos hablando de una valuación imposible, sino de algo que ya vimos hace pocos meses.
Pero quiero subrayar lo que para mí es la clave: la primera mitad de la suba la regala la elección. La segunda mitad la tiene que ganar el gobierno.
¿Cuál es el riesgo?
En 2022 Jair Bolsonaro hizo una primera vuelta mucho mejor que lo que decían las encuestas. El lunes siguiente, el mercado festejó: el real se apreció más de 4% y la bolsa subió 5,5%. Tres semanas después, Bolsonaro perdió el balotaje por menos de dos puntos.
Claramente, hay diferencias importantes con 2022. Flávio no viene de atrás, viene de adelante. El voto de los candidatos que quedaron afuera es mayoritariamente de centro y centroderecha, y tanto las encuestas como los antecedentes históricos sugieren que debería inclinarse más hacia él. Y el Congreso que lo espera es mucho más amigable.
Aun así, hay al menos cinco cosas que pueden mover la aguja en estas tres semanas:
- Los votos no se transfieren solos. Un apoyo formal de Caiado, Zema o Cury no significa que sus votantes los sigan en bloque. Y ambos candidatos arrastran niveles de rechazo cercanos al 50%.
- Los 31 millones que no votaron. Lula ya pidió en 2022 ir a buscar a los que se quedaron en casa. Hoy los vuelve a necesitar más que nunca.
- El riesgo institucional. Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años, bajo arresto domiciliario, por intento de golpe de Estado. Flávio pretende indultarlo si gana, algo que requiere el voto de las dos cámaras. Con una campaña cada vez más polarizada, y con tensiones abiertas entre la política y la Corte Suprema, el ruido puede crecer. A eso se suma el escándalo del Banco Master, que salpica a buena parte de la clase política.
- La agenda del Congreso. Proyectos populares como la reducción de la jornada laboral pueden reordenar la discusión de campaña, y Lula sabe jugar ese partido.
- El plan todavía no existe. Hasta ahora, ninguno de los dos presentó un programa económico detallado y no hubo debate entre ellos. Algunos analistas, como Bryan Harris de la consultora Sabio, recuerdan que Flávio mostró hasta ahora poca aptitud para la política económica. Hoy el mercado le da el beneficio de la duda. Pero el beneficio de la duda tiene fecha de vencimiento.
¿Qué hay que mirar? Las primeras encuestas de balotaje, que empiezan a salir desde este miércoles. Los apoyos de los candidatos eliminados y de los gobernadores recién electos. La campaña en radio y TV, del 9 al 23 de octubre. Y, sobre todo, una señal concreta: quién sería el ministro de Economía de Flávio. Ese nombre, para el mercado, puede valer tanto como el resultado del balotaje.
En Polymarket la probabilidad de que Flávio sea presidente subió por ahora a un 85%.
¿Qué debemos mirar como inversores?
Primero: si el escenario se confirma, los ganadores naturales son los sensibles a la tasa. Bancos, empresas ligadas al consumo interno y compañías más chicas, que son las que más sufren con una Selic de 13,75%. También las empresas estatales, como Petrobras y Banco do Brasil, que suelen reaccionar fuerte ante un gobierno de perfil privatizador. En renta fija, JP Morgan mejoró su recomendación sobre la deuda corporativa brasileña de grado de inversión, con nombres como Vale, Embraer, Gerdau, Arcos Dorados y los grandes bancos. Desde Argentina, varios de estos nombres, y el propio EWZ, se pueden seguir a través de CEDEARs.
Segundo: esto sigue siendo un evento binario. El 25 de octubre hay dos resultados posibles, y si gana Lula, buena parte de lo que subió hoy puede devolverse rápido. Cualquier posición en Brasil hasta el balotaje tiene que tener un tamaño que estemos dispuestos a perder en parte.
Tercero: después del 25, la pregunta cambia. Ya no será quién gana, sino qué hace. El ministro de Economía, el plan fiscal y la velocidad con la que se mande al Congreso van a definir si llega la segunda mitad de la suba. Y el contexto internacional, con las tasas de Estados Unidos en máximos de casi dos décadas, no es un detalle menor.