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Una vez más Argentina se encamina a un proceso electoral. En este caso se trata de elecciones de medio término, es decir de elecciones legislativas, donde se renuevan cargos en la Cámara de Diputados y de Senadores.

Para cualquiera que siga el día a día de las noticias, creo que no hace falta explicar la importancia de las mismas. Es en el mismo Congreso donde el actual gobierno está recibiendo embates a su programa económico prácticamente todas las semanas. Y en el caso del actual gobierno la importancia se ve magnificada. Esto porque se trata de un partido nuevo que prácticamente no tiene representación en el Congreso.

Las elecciones de medio término, históricamente son tomadas como una especie de plebiscito al oficialismo de turno. En el caso de Milei, pueden ser la llave para poder tener una minoría que le asegure, al menos, el sostenimiento de los vetos. Aunque en el mejor de los casos, los mercados financieros estarán observando si pueden ser el primer paso para la construcción de un Congreso que le permita encarar las reformas necesarias para la segunda etapa de su gobierno.

La primera etapa, podemos decir que ha sido el reordenamiento macroeconómico de la Argentina, y la segunda etapa debe ser la desregulación que permita sentar las bases del crecimiento económico futuro. Ya todos sabemos de qué estoy hablando: reforma tributaria, laboral y previsional. Para empezar.

Acá, en este espacio, hablamos de inversiones, de mercados financieros, de activos, de carteras de inversión. Y al margen del color político de cada uno, de lo que nos guste más o menos, de lo que consideremos más o menos justo, sabemos lo que el mercado financiero valora y a qué le teme. El plan económico que ofrece el actual gobierno es festejado por los mercados, y con un triunfo de Milei seguramente veremos subas en bonos, en acciones, baja de tasa de interés, y tranquilidad en el dólar. Con una derrota del oficialismo, veremos con seguridad todo lo contrario. Esto es objetivo y certero, le guste a quien le guste.

Por otro lado, desde hace tiempo, al momento de analizar elecciones, hemos perdido la brújula. Antes el insumo fundamental en la previa de las elecciones eran las viejas y conocidas encuestas. Pero la efectividad predictiva de estas herramientas no atraviesa su mejor momento. Las razones parecen ser diversas: la reticencia de la gente a contestar, los nuevos hábitos de la gente, el comportamiento de los jóvenes, entre otras. Incluso muchos señalan que el financiamiento de las mismas, lleva a que se usen más como una herramienta de campaña, que como un instrumento informativo.

Eso ha llevado a que otras herramientas, de carácter más cualitativo o blando, hayan ido ganando terreno. Entre esas herramientas, hay una que muchos analistas valoran: el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella.

¿Qué es este índice? Vamos a la definición propia de la Di Tella: El ICG tiene como objetivo medir la evolución de la opinión pública respecto de la labor que desarrolla el gobierno nacional. Está diseñado de forma de captar lo que los ciudadanos piensan respecto de aspectos esenciales del gobierno nacional, a partir de la estimación de cinco dimensiones:

  1. La imagen o evaluación general del gobierno.
  2. La percepción sobre si se gobierna pensando en el bien general o en el de sectores particulares.
  3. La eficiencia en la administración del gasto público.
  4. La honestidad de los miembros del gobierno.
  5. La capacidad del gobierno para resolver los problemas del país.

Claramente, este indicador no permite armar un mapa completo de qué porcentaje puede sacar cada candidato individualmente, pero queda claro que en las elecciones argentinas de los últimos años eso mucho no importa. Generalmente se trata de contiendas electorales entre dos extremos, un oficialismo y una oposición, representados a su vez por figuras muy fuertes.

Por ello, si con este indicador podemos determinar cómo le puede ir al oficialismo de turno, en base a eso podemos construir el resto de la información.

¿Qué nos muestra el Índice de Confianza en el Gobierno?

Primero debemos aclarar algunos detalles del procedimiento. Hemos normalizado la serie de datos del ICG para llevarlo a una escala comparable con el resultado de las elecciones, y hemos realizado un gráfico con el resultado mensual. Hemos incorporado el resultado obtenido por el oficialismo de turno en cada uno de los procesos electorales: las elecciones presidenciales, las PASO en caso de corresponder, y el resultado nacional de las elecciones para Diputados nacionales.

Rápidamente podemos observar en el gráfico que la relación, pese a que no es perfecta, sí nos permite sacar interesantes conclusiones. En las elecciones de medio término ayudó a prever el mal resultado para el kirchnerismo en el 2009, como el excelente resultado en las presidenciales del 2011. Lo mismo se repitió en el 2013 y en el 2015. Y ni hablar del desastroso resultado en las PASO del 2023 para Massa, como también el repunte generado a fuerza de “plan platita” en las generales del mismo año.

Este lunes 25 de agosto se acaba de publicar el nuevo resultado del ICG para el gobierno de Milei. Y tendremos uno más (el lunes 29 de septiembre) antes de las elecciones nacionales del 26 de octubre, ya que el de octubre se conocerá el lunes siguiente.

Debemos decir que la noticia no fue buena para el oficialismo. El ICG cayó un 13,6% contra el del mes de julio, alcanzando su valor más bajo desde el comienzo del mandato de Milei. Y más, si consideramos que este indicador no incluye en su medición el impacto que pueda tener el escándalo por los audios relacionados a la Agencia Nacional de Discapacidad.

Para encontrar una caída similar durante este gobierno, debemos remontarnos ni más ni menos que al mes de septiembre del año pasado (-14,8%). En aquel entonces el gobierno venía de enfrentar presiones sobre el dólar, una leve aceleración de la inflación, y con cuestionamientos por el levantamiento del cepo, las reservas, y el acuerdo con el FMI.

En esta oportunidad, dado que el relevamiento se realizó a lo largo de las primeras dos semanas de agosto, nuevamente podría haber impactado la suba del dólar, que fue alrededor de 14% en el mes, pero con un salto importante, superior al 6%, en los últimos dos días hábiles del mes. Como también, podrían haber impactado el veto a la emergencia en discapacidad, y al aumento en las jubilaciones. 

El ICG de julio permitía estimar un resultado del oficialismo en torno al 49%, mientras que tomando la medición de agosto nos lleva a predecir uno en torno al 42%. Aún queda camino por recorrer hasta las elecciones del 26 de octubre, pero queda claro que será clave que el gobierno logre evitar que su imagen siga desmejorando, mantener la macro estable, lograr un resultado positivo en la provincia de Buenos Aires (el 7 de septiembre), y mejorar la percepción en los distintos items.

Por el momento una clara luz de alerta amarilla, que como inversores nos obliga a moderar el optimismo, y adoptar una posición de cautela y atención.