Los últimos meses han sido una fiesta para los mercados emergentes. Hemos visto una rotación de carteras muy marcada: el dinero, cansado de las valuaciones exigentes en EEUU, empezó a buscar refugio en activos atrasados. Sin embargo, en los últimos meses, hubo dos grandes náufragos en medio de la marea alcista: Argentina y China.

Sobre Argentina ya les conté por qué las acciones son mi apuesta favorita para este 2026. Pero hoy vamos a hablar de China. El gigante asiático está en el ojo de la tormenta, y como siempre digo, cuando el pesimismo es total, y el mercado se comporta como un «paciente psiquiátrico», es cuando los inversores con nervios de acero deben empezar a mirar con atención.
El «impuesto» geopolítico a la energía
No podemos ignorar la realidad: China está pagando caro su contexto geopolítico. La guerra de EEUU con Irán, y la inestabilidad en Venezuela y Rusia le han pasado una factura directa a su billetera energética.
China es el mayor consumidor e importador de energía del mundo, consumiendo unos 16,4 millones de barriles de petróleo por día (bpd). Produce internamente cerca de 4,8 millones de bpd, pero el resto (más del 70%) tiene que importarlo. El problema no es el suministro, sino el precio: en 2025, el 13% de sus importaciones venían de Irán y el 4% de Venezuela. Al ser países sancionados, China los compraba con descuentos de entre USD 8 y USD 15 dólares por debajo del Brent. Al perder el acceso a estos crudos “subsidiados”, su factura de importación sube entre USD 18,5 y USD 22 millones diarios. Un costo extra de hasta USD 8.000 millones anuales.
Aunque China viene construyendo reservas masivas (1.300 millones de barriles) para amortiguar el golpe, el mercado ha castigado este aumento en los costos de los insumos. No tanto por el peso económico, que claramente puede soportar, sino por las implicancias estratégicas y de poder.
¿Pragmatismo o debilidad? El Congreso Nacional del Pueblo
Hace pocos días culminó el 14° Congreso Nacional del Pueblo (NPC), y dejó un sabor agridulce para los analistas. Aunque más bien podría tratarse de una señal de realismo. China bajó el objetivo de crecimiento del PBI, del histórico «alrededor del 5%», a un rango de «4,5% a 5%». Tremenda diferencia, ¿no?
Otros analistas, opinan que se trata de un giro pragmático hacia el «crecimiento de alta calidad». Están priorizando reducir emisiones de CO2 (con una meta más agresiva), y desinflar burbujas en lugar de crecer a cualquier costo.
El castigo a las Tech: ¿Oportunidad en el barro?
Febrero fue un mes para el olvido para los ADRs chinos. El ETF de tecnología KWEB cayó un 12% y el FXI (grandes empresas chinas) un 6%. ¿Las razones? Dudas sobre el retorno de inversión (ROI) en Inteligencia Artificial, resultados flojos de gigantes como Baidu y el ruido geopolítico.
Aunque habrá que estar atentos, porque es aquí donde la narrativa puede cambiar:
- DeepSeek: Se esperan actualizaciones clave de este modelo a principios de marzo, lo que podría clarificar la estrategia de IA y calmar los miedos sobre la competitividad china en este sector.
- Retorno al accionista: Mientras los precios caen, muchas empresas están aumentando sus recompras de acciones y dividendos.
- Valuaciones: en un contexto donde la tecnología está muy cara en todo el mundo, China ofrece valuaciones más que interesantes. Sólo falta convencer sobre su competitividad.
Conclusión: Los grises de la tesis China
China ha pasado de ser una «máquina de crecimiento» a ser una «jugada de valor». Mientras el sentimiento bajista ha llegado a extremos, hay progresos reales que el mercado está ignorando: la adopción de IA, la innovación en robótica y semiconductores, y las medidas de apoyo al sector inmobiliario.
En un mundo más tranquilo, donde las valuaciones y la búsqueda de oportunidades vuelvan a dominar la escena, China tiene ingredientes fundamentales para volver a verse beneficiada como en el 2024 y en la primera mitad de 2025.

Aunque como venimos aclarando en la mayoría de los activos atrasados, no es aconsejable intentar atrapar el cuchillo cayendo. Pero sí vale la pena estar atentos a señales de reversión, para atacar la posible oportunidad.