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Llegó el broche de oro para la saga de artículos que fuimos publicando de cara a las elecciones legislativas de medio término en Argentina. En las mismas buscamos hacer énfasis en algunos puntos que nos parecían fundamentales:


Cuando me propuse escribir este newsletter, dos de mis principales objetivos eran ayudar y educar. Ayudar a que quienes no conocen de inversiones, puedan animarse a invertir. Y educar, para que al hacerlo no “mueran en el intento”, ni tomen malas decisiones con lo que eso implica: perder dinero.

Por eso hoy no voy a hablar de lo que pasó con las elecciones del domingo, ni de qué esperar para los activos financieros, ni hasta dónde pueden subir las acciones o los bonos. Ya habrá tiempo para eso. Creo que podemos hacer algo mucho mejor: reflexionar sobre las importantes lecciones que este año nos regaló.

La primera gran crisis que me tocó atravesar como inversor fue la crisis de las hipotecas sub-prime en Estados Unidos en el 2008. Y siempre digo que atravesar esa crisis como inversor, dentro del mercado, me enseñó mucho más que cualquier master o especialización que podría haber tomado. Y creo que quienes vivieron este 2025 como inversores en Argentina se llevarán grandes enseñanzas, que ni el mejor curso de mercados de capitales puede darles.

Pero lo más importante es recordar lo que venimos hablando hace tiempo, lo que diferencia a la “timba” de la inversión, somos nosotros. Si armamos nuestra cartera de inversión como un apostador elige casilleros en la ruleta, eso es “timba”. Si por el contrario armamos nuestra cartera como parte de una estrategia con sustento en el análisis, y si a eso le agregamos una ejecución acorde, y revisiones a conciencia, entonces estamos en presencia de una INVERSIÓN.

El análisis objetivo de los mercados nos permite detectar oportunidades. A partir de ahí podemos definir cuáles son los mejores activos o instrumentos para aprovechar esa oportunidad. Esa estrategia debemos poder ponerla por escrito y debe ser consistente.

El siguiente ingrediente es el plan de contingencia y salida. Toda inversión debe contar con una estrategia de salida, tanto si las cosas salen bien, como si las cosas salen mal. Idealmente también debemos ponerlo por escrito. Y tanto este plan, como el inicial, deben ser sujetos periódicamente a revisiones.

Posteriormente viene la ejecución. Y acá entra el tema más complejo: la disciplina. El mercado te va a poner a prueba, te va a estresar, te va a llevar a extremos. Por eso, como siempre hago mención, los inversores más exitosos no son los más inteligentes, sino los que mejor manejan las emociones. Y es acá donde la reciente elección argentina nos dejó una tremenda lección.

El sucio juego de la política embarró la cancha a más no poder. La locura de los medios amarillistas, que cada vez dependen más del sensacionalismo para sobrevivir, pusieron nuestros nervios a prueba. Muchos supuestos analistas, con claros objetivos políticos, aportaron a la confusión. Fuimos parte de una simulación que buscó hacernos creer que el 26 de octubre era el fin del mundo, y la gran mayoría decidió comprar esta historia. Aceptamos, por ejemplo, que el 27 de octubre iba a haber una mega devaluación sin importar lo que pasara, y sin que importara ninguna variable macroeconómica. El pánico se hizo presente en su mayor expresión y, como siempre marcamos, una vez más fue el peor consejero.

¿Cómo podemos justificar que las acciones de Grupo Supervielle en un día valgan un 50% más en dólares? ¿Cómo podemos explicar que las acciones de este mismo grupo hayan bajado alrededor de 70% en dólares de enero a octubre? Locura. Y esa locura, esa irracionalidad, puede ser usada de dos formas como inversor: en nuestra contra, si nos sumamos a la misma y tomamos malas decisiones de inversión. O a nuestro favor, si logramos detectar las tremendas oportunidades que genera y actuar en consecuencia.

Warren Buffett decía que hay que tener miedo cuando todos son codiciosos, y ser codiciosos cuando todos tienen miedo. El Baron de Rothschild decía que el momento de comprar es cuando había sangre en las calles. John Templeton decía que el momento de máximo pesimismo es el mejor para comprar, y el de máximo optimismo el mejor para vender. Howard Marks decía que si querés ser mejor que el promedio, tenés que hacer las cosas distinto a la multitud. David Dreman decía que para vencer al mercado, hay que actuar diferente a la multitud, y que eso requiere coraje. Y existen miles de frases conocidas más como “comprar cuando todos venden, y vender cuando todos compran”, o “cuando todos tienen miedo, el riesgo ya fue descontado”. Podés elegir la frase que más te guste, pero lo más importante es aprender la lección.