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Hace unos días, en nuestro podcast, hablamos de un tema incómodo: los riesgos de la exuberancia en la cotización de algunas tecnológicas. Hablamos de valuaciones en zona récord, de una concentración nunca vista, de un financiamiento de la inteligencia artificial con un costado peligrosamente circular, y de un inversor minorista que había pasado de invertir a apostar. Cerramos con una frase: este es un momento para participar de la fiesta, sí, pero con la mano cerca de la puerta. Si te lo perdiste, suscribite:

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No esperábamos que el mercado nos diera la razón con tanta velocidad. Apenas 48 horas después, el dique se rompió.

Lo que pasó, en la semana que pasó

El lunes y el martes, euforia. El S&P 500 cerró por encima de 7.600 puntos por primera vez en su historia, empujado por los semiconductores. Marvell volaba después de que Jensen Huang (CEO de Nvidia) la bautizara «la próxima compañía del billón de dólares». Nada hacía presagiar lo que venía.

El miércoles a la noche reportó Broadcom, y acá empieza lo interesante. La empresa publicó números récord: ingresos totales por USD 22.200 millones (un salto del 48% interanual) e ingresos por inteligencia artificial de USD 10.800 millones, creciendo nada menos que 143%. Casi la mitad de cada dólar que facturó Broadcom en el trimestre vino de chips de IA. Un trimestre extraordinario. Pero la acción cayó.

¿Por qué? No por los números del trimestre, sino por lo que no hizo la compañía: en lugar de subir su objetivo anual de ingresos por IA, lo mantuvo sin cambios, y guió el próximo trimestre a unos USD 16.000 millones cuando los más optimistas esperaban USD 17.200 millones. En una acción que cotizaba a múltiplos altísimos, un número simplemente estable se leyó como una decepción. Broadcom terminó la semana con una caída de casi 20% en dos días.

Ahí está, condensada, la definición de un mercado priced for perfection: valuado para la perfección. Cuando una empresa crece al 143% en su negocio estrella, y aun así «decepciona», el problema no es la empresa. Es el precio que se pagaba por ella.

El jueves, los precios de las tecnológicas sufrieron. Pero el viernes se sumó también una excusa desde la economía: el informe de empleo de mayo mostró 172.000 nuevos puestos, más del doble que lo esperado por los analistas. ¿Y cuál es el problema? Economía fuerte significa tasas más altas. Las expectativas de que la Reserva Federal suba la tasa de interés de referencia este año saltó a 67% de probabilidad.

El resultado fue una de las peores sesiones del año:

  • El Nasdaq Composite cayó 4,18%, su peor día desde el shock arancelario de abril de 2025.
  • El S&P 500 perdió 2,64% y cortó una racha de nueve semanas al alza. De haberla sostenido, habría sido la corrida más larga desde 1985.
  • El índice de semiconductores SOX se desplomó más de 10%, borrando más de un billón de dólares en valor de mercado en una sola rueda.
  • Nvidia perdió 6% y su capitalización volvió a caer por debajo de los 5 billones de dólares. Micron -13%, Marvell -17%, AMD -11%.
  • El VIX, el índice del miedo, saltó 34% y cerró arriba de 20. Las tasas largas, a 20 y 30 años, volvieron por encima del 5%.

En cuestión de horas, el mercado borró todo lo que había celebrado a comienzos de semana.


Por qué no fue (solo) Broadcom

Es tentador culpar a Broadcom y al dato de empleo. Pero esas son las excusas que busca el mercado. La realidad es que una fuerte corrección estaba en el abanico de posibilidades.

El CAPE de Shiller (la valuación ajustada por el ciclo) ronda 41, el segundo registro más alto en más de 140 años de historia, solo superado por el pico de diciembre de 1999, justo antes de la burbuja puntocom. El indicador Buffett, que compara la capitalización del mercado con el PBI, está en torno al 227%, muy por encima del 200% que el propio Buffett alguna vez llamó «jugar con fuego». No es casualidad que Berkshire Hathaway esté sentado sobre más de USD 370.000 millones en efectivo, esperando.

Por eso la lectura más honesta del derrumbe la dieron las mesas de Wall Street: la caída estuvo más impulsada por el posicionamiento, que por los fundamentos. El sector estaba, en palabras de Wells Fargo, demasiado sobrecomprado.

¿Fin de ciclo?

Al parecer no. Por ahora vemos más señales de un reseteo, que de un colapso estructural. Algunos datos para no perder perspectiva:

Incluso después del baño de sangre del viernes, el índice de semiconductores acumula cerca de 75% de ganancia en lo que va del año. Lo que se corrigió fue el exceso de las últimas nueve semanas, no la tendencia de fondo.

La tesis de largo plazo tampoco se quebró. La propia Broadcom reafirmó que espera más de USD 100.000 millones en ingresos por IA en 2027, sostenidos por acuerdos plurianuales con Google, Anthropic, OpenAI y Meta. La demanda de cómputo es real y está contratada. A diferencia de las puntocom, donde se valuaban promesas sin ingresos, hoy hablamos de empresas que facturan, y mucho. Hasta Jerome Powell remarcó esa diferencia, y Morgan Stanley recuerda que el flujo de caja corporativo triplica el de 1999.

Otro punto interesante es que las acciones que ya habían corregido antes, como Alphabet y Apple, resistieron mucho mejor. Cayeron alrededor de 1%. El mercado parece haber castigado lo que estaba más caro y más sobrecomprado. Eso sería, técnicamente, una corrección saludable.

Qué nos deja, como inversores

No es nuestra tarea decirte qué comprar ni qué vender; eso depende de tu perfil, tu horizonte y una conversación personalizada. Pero sí podemos ordenar tres aprendizajes de esta semana que pasó.

Primero: la diversificación tiene que ser real, no nominal.

Segundo: tener pólvora seca no es ser pesimista. Algo de liquidez no es miedo: es respeto por la incertidumbre y, sobre todo, es munición para cuando aparezcan las oportunidades.

Tercero: distinguir una corrección sana del fin de un ciclo. Por ahora, todo indica lo primero. Pero el «por ahora» hay que monitorearlo, y esta semana vendrá cargada: el dato de inflación de EEUU (CPI) el 10 de junio, la decisión del Banco Central Europeo el 11, y el 12 la esperada salida a bolsa de SpaceX (ese «tsunami» de IPOs históricas que ya analizamos en el blog hace unos días).

La euforia es parte natural del ciclo. El error no es estar invertido en la mayor revolución tecnológica de nuestra generación. El error es confundir precio con valor, y actuar como si una acción que crece al 143% puede subir para siempre en línea recta.

Esta semana el mercado nos lo recordó. Y lo hizo, como casi siempre, en el peor momento para los que no lo veían venir.