Estoy seguro que ya no existe prácticamente una sola persona que no haya escuchado hablar de “tierras raras”. Lo cual no significa que sepamos de qué se trata. Así como el carbón fue fundamental para la revolución industrial, y el petróleo en la era moderna, las tierras raras son un ingrediente clave para la revolución tecnológica que estamos viviendo.
Las tierras raras son básicamente 17 elementos químicos, no tan difíciles de encontrar en la corteza terrestre, pero sí de encontrarlos en concentraciones puras. Esto es porque generalmente se encuentran mezcladas con otros minerales, y separar las necesarias es difícil, caro y contaminante. Por eso se conocen como “raras”: es raro encontrarlas listas para ser usadas.
¿Para qué se usan? Podemos decir que para todo desarrollo tecnológico. Para los vehículos eléctricos, para los aerogeneradores, para la robótica, para los drones, para la IA, el almacenamiento energético, y hasta para los aviones de combate. Sin tierras raras volveríamos a los años 60s en tecnología, son el núcleo de la competencia económica y militar entre las naciones.
¿Y por qué recién ahora están todos hablando de esto? Por la guerra fría entre China y Estados Unidos. Durante muchos años, Estados Unidos y Europa decidieron no producir y comprar a terceros estos elementos, evitando así los altos costos ambientales. Mientras tanto China hizo el trabajo sucio, controlando aproximadamente 85%/90% de la capacidad mundial para procesar y refinar tierras raras. Por ello China encontró su mejor herramienta de negociación en la guerra fría que planteó Donald Trump. Estados Unidos quiso bloquear a China comercialmente y en su acceso a los chips para el desarrollo de IA, China contraatacó restringiendo el acceso a tierras raras. Y así de repente China y Estados Unidos volvieron a ser “amigos”.
Obviamente Trump no se encuentra cómodo con esta situación. Por ende Occidente está intentando crear cadenas de suministro alternativo, esto llevará años, pero están dispuestos a volcar grandes inversiones para lograrlo. Por lo que nosotros, como inversores, debemos estar atentos a las oportunidades en mineras de este tipo de metales.
Un buen ejemplo del cambio de paradigma, es la decisión que tomó el Departamento de Defensa de Estados Unidos en el mes de julio de comprar un 15% de las acciones de MP Materials, el mayor productor de tierras raras estadounidense.
El otro gran dato, es la discrepancia entre la producción de tierras raras, y los países que tienen reservas verificadas. Por eso Brasil y Vietnam se encuentran en el centro de la escena. Y por ello no debe sorprendernos que de repente Trump dejó de atosigar a Lula y a la política brasileña, y decidió acercarse.
Para los inversores pasivos y principiantes, existe un ETF que simplifica participar de este boom. Se trata del ETF VanEck Rare Earth/Strategic Metals (REMX), que invierte en más de 20 empresas que minan y refinan estos metales en todo el mundo (China, Australia, EEUU).
Lo positivo del sector es que al margen del juego de la oferta y la demanda (que parece favorecer a la demanda), las estrategias geopolíticas parecen asegurar un buen flujo de inversiones para que Estados Unidos y Occidente puedan recuperar el terreno perdido. Lo negativo, se trata de activos de alta volatilidad, y con fuerte dependencia de los mismos vaivenes de la geopolítica. Por lo cual es clave la diversificación y la visión de muy largo plazo.