Hace poco más de un año escribimos por qué creíamos que el oro debía formar parte de toda cartera de inversión:
Mientras todo caía, este activo brilló como nunca
Y en abril de este año actualizamos la tesis, mirando el cambio estructural en las reservas de los bancos centrales:
Del dólar al oro: el cambio en las reservas globales
Desde entonces pasó de todo. Y como siempre, lo que importa no es lo que pasó, sino qué hacemos con eso hacia adelante.
Primero, el repaso de daños
Conviene ponerlo en números, sin maquillaje.
El oro marcó su récord histórico el 29 de enero de 2026, en USD 5.598 la onza. Desde ahí se derrumbó hasta USD 3.943 en julio, una caída de casi 30% en seis meses. La plata fue todavía peor: llegó a perder cerca de la mitad de su valor desde el pico.
No hubo una sólo causa, podemos nombrar al menos tres, y vale la pena distinguirlas porque cada una enseña algo distinto:
- Fines de enero: un evento de liquidación forzada. Subas de márgenes, apalancamiento que salta por el aire, ventas que generan más ventas.
- Marzo: la guerra en Medio Oriente. Como ya contamos en su momento, el oro no operó como refugio: cuando el mundo se prende fuego de verdad, el refugio sigue siendo el dólar y las Letras del Tesoro.
- Abril a julio: los peligros de la tasa de interés. El cierre del estrecho de Ormuz disparó el precio del petróleo, esto a su vez generó presiones inflacionarias. Y de golpe el mercado dejó de discutir cuándo bajaba tasas la Reserva Federal (Fed), para empezar a discutir cuándo las subía. Ese es el veneno más puro que existe para el oro.
Ese último punto merece un párrafo aparte, porque es el que casi nadie tenía en el radar en enero. La Fed de Kevin Warsh dejó la tasa en 3,50–3,75%, con tres disidentes pidiendo una suba inmediata para defender la credibilidad antiinflacionaria del banco central. El mercado llegó a asignar 67% de probabilidad a una suba en septiembre. Un oro sin renta, compitiendo contra una tasa real que sube, es un oro que sufre. Y sufrió.
Qué pasó la semana pasada
Y entonces, en una semana, el metal recuperó más de 7% (su mejor semana desde enero), y llegó a operar arriba de USD 4.370, máximo en siete semanas.
¿Qué novedades tuvimos?:
- Ormuz. Irán y Omán acordaron las coordenadas de un corredor marítimo seguro para reabrir el tránsito comercial. El crudo se desplomó, y con él la prima de riesgo inflacionaria.
- El empleo en Estados Unidos. El reporte de julio salió flojo, la contratación viene débil y el crecimiento salarial apenas le sigue el ritmo a los precios. Las apuestas por una suba de tasas en septiembre se desinflaron rápido.
Y acá está la clave de lectura: el oro no subió porque el mundo esté peor. Subió porque dos riesgos que estaban jugando en su contra (el geopolítico y el monetario) aflojaron al mismo tiempo. Es un rally de alivio, no de pánico.
Eso tiene una consecuencia práctica que no hay que perder de vista: es reversible. Si el acuerdo de Ormuz se traba, si aparece un incidente en la región, o si el dato de inflación de esta semana se recalienta, las expectativas se revierten rápidamente.
Dicho todo esto, y con el metal todavía 23% por debajo del máximo de enero, la pregunta que importa es otra: ¿retomamos la tendencia alcista?
El análisis de oferta y demanda
La demanda de joyería en emergentes difícilmente vuelva a los niveles del boom de principios de los 2000, y el crecimiento de la demanda industrial es acotado. Del lado de la oferta, la producción de las minas está planchada desde 2018 y no acelera aunque el precio se dispare, es una oferta muy inelástica.
Aunque como sabemos, el oro tiene un rol creciente como activo monetario. Y el mismo se apoya en tres patas:
- Fragilidad fiscal. Los déficits y los niveles de deuda globales son insostenibles. El oro funciona como cobertura activa contra inflación y contra el riesgo de degradación de la moneda fiduciaria, riesgos que nacen de la dominancia fiscal y del deterioro de la credibilidad de los bancos centrales.
- Cambio de época geopolítico. Desglobalización y bifurcación del mundo en bloques. Eso realza el rol del oro como activo de reserva, porque es el único que no es pasivo de nadie.
- La aceleración Trump. El régimen MAGA está acelerando las dos anteriores.
Conclusión: espero una demanda monetaria global por oro que el mercado va a tener enorme dificultad para absorber. Y si la demanda no se cubre con oferta, la absorbe vía precio.
Los bancos centrales todavía no terminaron
Este dato es muy revelador: el ratio de oro sobre reservas totales a nivel global está hoy en 29%. Pero ese promedio esconde una asimetría brutal: los bancos centrales desarrollados están arriba del 50%, mientras que los emergentes apenas rozan el 15%. Ahí hay otra fuente de potencial demanda contenida.
Vamos con un ejemplo. Si el Banco Central de China (PBoC) llevara su tenencia de oro del 9% al 30% de sus reservas, la demanda incremental equivaldría al 122% de toda la demanda global de oro de 2025. Y si todo el bloque emergente hiciera el mismo movimiento, hablamos de aproximadamente tres veces la demanda global anual.
¿Y los individuos?
Hasta acá venimos hablando de individuos, pero hay un dato de un informe de Schroders más que interesante: sólo el 1% de las carteras de los family offices está asignada a oro y metales preciosos.
Este dato nos ayuda a concluir también que la suba de los últimos dos años no fue impulsada por el inversor occidental. Fue impulsada por bancos centrales y capital soberano de gran escala. El inversor occidental sigue mirando el oro como cobertura cíclica, mientras los bancos centrales lo miran como ancla secular. Son dos horizontes completamente distintos, y solo uno de los dos está comprando en serio.
Conclusión
La corrección de 2026 fue importante, pero parece ser una corrección de precio, no de tesis. Ninguno de los pilares fundamentales ha cambiado. Si el rebote de la semana pasada es el arranque de la segunda parte del ciclo, o sólo un rebote dentro de una corrección más larga, no tenemos certeza al respecto. Lo que sí sostengo es lo mismo que escribimos hace un año y medio: este activo tiene que tener un lugar reservado en una cartera diversificada. Cuánto, dependerá de cada perfil de riesgo y horizonte temporal.
Algunos anuncios para cerrar:
- No olviden hacer su propio análisis de riesgo.
- Nada de lo expuesto es recomendación de compra, ni de venta.