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Pasó una semana para el olvido luego del “Día de la Liberación”. El impacto en los mercado tiene mucho. Con las tarifas anunciadas por el presidente Trump las tarifas promedio pasarán de 3% a 19%, niveles no vistos desde comienzos del siglo pasado. Este retroceso de más de 100 años en materia de globalización, y el temor a una nueva era oscura de aislacionismo tiene mucho impacto en el mundo. La globalización y el comercio internacionales generaron un shock de prosperidad, desarrollo y bienestar nunca vistos en el mundo. No sabemos cómo sería dar marcha atrás con ese proceso. Por eso no debemos sorprendernos que la primera reacción haya sido la mayor baja del mercado desde la crisis del Covid-19 en marzo del 2020.

'Día de la Liberación': Qué esperar del presidente electo Trump sobre ...

Vamos a ponerlo en números. Si las tarifas anunciadas se implementan, sería la mayor suba de impuestos desde el año 1968 representando un 2,64% del PBI. Se estima que una caída del 1% del PBI de Estados Unidos equivale a una caída del 3,7% en las ganancias por acción de las empresas. Este shock sin dudas impulsaría a la economía a una recesión. Esto sin considerar las revisiones bajistas de los analistas sobre las acciones, ya que el peso de las tarifas caerá fuertemente sobre las empresas, con baja de márgenes y con menor demanda. Sumado a esto que esta semana comienzo la presentación de resultados trimestrales de las empresas, donde de paso expondrán sus proyecciones y expectativas a futuro. No podrían hacerlo en un escenario peor, y de mayor incertidumbre.

Y hasta acá sólo hemos considerado a EEUU, y no las posibles consecuencias en otros mercados. De hecho el pesimismo se aceleró cuando China decidió responder con la misma moneda, y también atacar con los mismo aranceles a EEUU. Y esto es clave: ya que nos enfrentamos a un escenario dicotómico por excelencia: o vamos a una guerra comercial (peor escenario) o a una renegociación bilateral de las relaciones entre países (escenario optimista). Aún no sabemos cuál será la respuesta, y no ayuda que el fin de semana no hayamos visto avances.

¿Es esta una estrategia que tiene como objetivo sólo bajar las tasas de interés generando una recesión para refinanciar la deuda más barata? Hemos visto a muchos analistas y medios hablar de esta teoría. Para nosotros no tiene el más mínimo sentido. Por varias razones:

  • Una recesión generaría menor recaudación, por ende más déficit fiscal, y más necesidad de colocar deuda.
  • En su anterior gobierno Trump ya intentó hacer esto mismo y en aquel entonces las tasas de interés ya eran extremadamente bajas. La diferencia es que en esta oportunidad se ha rodeado de gente que le pone menos frenos, y tiene más músculo legislativo luego del triunfo arrollador en las elecciones.
  • La obsesión de Trump (y de su electorado) es que EEUU ha sido tratado injustamente en tres frentes: el desbalance comercial, las ayudas financieras y el soporte militar. Por ello quiere que cada país le ofrezca soluciones en esos frentes y en sus problemas migratorios, de narcotráfico, y en su enfrentamiento con China.
  • Trump detesta los organismos multilaterales y cree que el bilateralismo es donde EEUU puede hacer verdadero uso de su fuerza. Los aranceles discriminados de esta forma son la invitación a sentarse cara a cara con cada país.
  • Incluso el presidente de la Reserva Federal, Powell, expresó que le preocupaba principalmente el impacto de las medidas de Trump en la inflación. Lo que no garantiza fuertes bajas en las tasas de interés.

Como inversores debemos entender que este escenario nos entrega certezas que nos obligan a actuar ya, y dudas que nos obligan a movernos con cuidado pero atentos.

Vamos primero con las certezas.

  • En todos los escenarios Trump busca tener un dólar más débil, por lo que como inversores debemos entender que atesorar esta moneda bajo el colchón es una estrategia perdedora por excelencia. Hay que diversificarse en monedas y tener ACTIVOS.
  • Pase lo que pase debemos tener un portfolio diversificado en regiones, países, sectores y activos. La receta de simplemente tener tecnológicas norteamericanas no va más.
  • Latinoamérica es un gran lugar donde estar. No sólo se vio favorecida como región en el reparto relativo de aranceles, sino que no tiene prácticamente tensiones geopolíticas con nadie. Sumado a que tiene grandes oportunidades a futuro.
  • La gestión pasiva que brilló en los últimos años en las carteras internacionales tampoco va más. Será clave una gestión muy ACTIVA de las inversiones, siguiendo de cerca el avance de las relaciones y el contexto de incertidumbre.
  • Seguro la volatilidad será una constante, por lo que debemos tener paciencia, nervios de acero y visión de largo plazo. Los buenos activos, al margen de la locura, prevalecerán y darán buenos resultados. También habrá grandes oportunidades.

Las grandes dudas ya están planteadas. La principal es si vamos a una guerra comercial o no. Acá debemos seguir muy de cerca el anuncio de un primer acuerdo con un país relevante. Este no sólo podría ser el driver de un rebote en los precios de los activos, sino además marcar el camino para los demás. A estar atentos.

También existen otros caminos que pueden ayudar. Recordemos que todo esto Trump lo ha impulsado mediante “órdenes ejecutivas” (similares a nuestros DNU) por lo que podrían enfrentar problemas legales. Por otro lado el partido republicano podría dejar de apoyar a Trump si el escenario se descontrola, como si cae su apoyo popular.

Otro aspecto a considerar es que el “Día de la Liberación” ya pasó. Con lo que quizás lo peor ya pasó. Puede que Trump empiece a retroceder desde acá, y que en el mercado de a poco se empiece a hablar del proyecto de reconciliación (reconciliation bill). Un proyecto para otorgar bajas de impuestos a sectores afectados por la guerra comercial, incentivos fiscales para repatriar empresas, y medidas de estímulo a la inversión y el empleo local. Todo esto a su vez refuerza la idea de que Trump no busca una recesión, sino un plan de 2 fases: shock comercial primero, y estímulo fiscal después.

Y por último una reflexión: ¿alguien cree que el aislacionismo es posible en un mundo hiperconectado como nunca antes?. Querer abandonar la globalización en un mundo tecnológico que desconoce las fronteras es casi una lucha entre lo viejo, que ya murió, y lo nuevo.