¿Qué esperamos para Argentina en el futuro cercano?
Una negociación es un proceso de comunicación entre dos o más partes que tienen intereses, necesidades o posiciones distintas, y que buscan llegar a un acuerdo mutuamente aceptable. El objetivo principal es resolver diferencias o concretar algún tipo de intercambio beneficioso para ambas partes.
Negociación es lo que existió entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional. En ese proceso de negociación, Argentina resignó cosas para obtener beneficios, y lo mismo el FMI.
Argentina recibió más dólares de lo que los más optimistas esperaban, también que le lleguen más rápido y en mayor proporción, y que sean de libre disponibilidad. Es decir que no sean USD para poner en la vidriera y nada más, sino que puedan ser usados. ¿Qué resignó? Una mayor flexibilización del cepo y del modelo cambiario, con los riesgos que eso puede implicar en la antesala de unas muy importantes elecciones legislativas en unos meses.
El FMI por su lado incrementó aún más su exposición a la Argentina, cuando ya era récord y excesivamente elevada, y le dio grandes concesiones que ya mencionamos arriba. Y a cambio, logró que Argentina flexibilice el mercado cambiario. ¿Pero esto es todo?
Mucho se ha hablado de lo que Argentina obtuvo, pero poco de los compromisos asumidos en el marco del nuevo programa con el FMI, y eso es lo que vamos a analizar. Qué debe cumplir, cómo y si lo puede hacer. De hecho la primera revisión del programa será en el mes de junio, y de la misma dependerá el segundo desembolso (USD 2.000 millones). La siguiente será a fin de año con un nuevo desembolso de USD 1.000 millones. A partir de entonces, Argentina enfrentará 7 revisiones semestrales con desembolsos de USD 700 millones en cada una.
Los compromisos asumidos con el FMI
En primer lugar el programa se ancla en la implementación continua del objetivo de equilibrio fiscal global. Es decir que el superpoder del gobierno sigue y seguirá siendo el superávit fiscal por sobre todo. Es más, el FMI habla de un superávit primario de aproximadamente 1,25% del PBI para este año, pero el gobierno se ha comprometido a más. Buscarán un objetivo de 1,6%.
A futuro se espera que a la par de las reformas bien secuenciadas en los sistemas tributario, de coparticipación y previsional, sumadas al mayor ritmo de actividad, Argentina logre un superávit de 2,5% del PBI en el mediano plazo.
Entrando en esos temas, vamos a arrancar por el tributario. El gobierno deberá presentar una propuesta de reforma para fines de diciembre de 2025, que deberá ser implementada (previa aprobación del Congreso) a más tardar en 2026. La misma deberá ser complementada por una reforma del sistema de coparticipación, abordando el altamente distorsivo y complejo conjunto de impuestos provinciales y municipales.
En el frente previsional, para fines de diciembre de 2026, se debería implementar una reforma integral del sistema. La iniciativa propuesta buscaría: simplificar el sistema actual, mejorar la correspondencia entre los aportes y los beneficios, y fomentar la formalización del mercado laboral.
Para todo lo anterior será clave el resultado de las elecciones legislativas de octubre de este año, donde el gobierno deberá ganar músculo en ambas cámaras del Congreso, para poder impulsar y aprobar estas iniciativas.
En materia de gasto público la meta es llevarlo como porcentaje del PBI a niveles previos a 2005 (alrededor del 25% del PBI como se propuso en el Pacto de Mayo). En el frente energético se trabajará para reemplazar el complejo esquema actual de segmentación tarifaria por un único subsidio energético dirigido a los hogares de bajos ingresos.
Otros puntos importantes serán:
- Cerrar todos los fondos fiduciarios extrapresupuestarios, excepto el fondo fiduciario para subsidios al gas residencial (fin de diciembre 2025).
- Eliminar las entidades extrapresupuestarias ineficientes.
- Privatización transparente de las empresas estatales incluidas en la Ley Bases (fin de septiembre 2025).
¿Qué pasará con la deuda?
Uno de los principales objetivos del programa es que Argentina logre un retorno oportuno a los mercados internacionales de capital, idealmente hacia principios de 2026. Para esto, en el futuro cercano será clave una mejora de la calificación de riesgo, algo que podría ocurrir muy pronto. Como también un proceso temprano de acumulación de reservas, que conduzca a una reducción de los spreads soberanos.
Por lo anterior, sumado a que el presidente dejó claro que el BCRA no comprará dólares hasta no llegar al piso de la banda, es que queda claro la urgencia del gobierno por ver el tipo de cambio en esa zona lo antes posible.
Es importante resaltar que no se busca incrementar el endeudamiento externo, sino gestionar de manera más eficiente las importantes obligaciones próximas a vencer. De hecho, la deuda pública neta (excluyendo componentes intra-sector público) debe disminuir desde aproximadamente 52% del PBI a fines de 2024 hasta alrededor de 31% del PBI hacia fines de 2030. Sumando que el gobierno se compromete a reducir anticipadamente la exposición al FMI si las condiciones lo permiten.
De darse todo lo anterior, se vislumbra que como inversores seguir acumulando posicionamiento en los bonos soberanos en dólares, debería ser una gran estrategia. Incluso apuntando con mayor intensidad a los bonos largos, como venimos resaltando desde hace tiempo, por su mayor potencial de suba en este escenario.
Por el lado de la deuda en pesos, se espera que la eliminación gradual de los controles y restricciones cambiarias redunde en condiciones de financiamiento doméstico más exigentes. Especialmente considerando que el Tesoro asumirá completamente el costo de llevar adelante la política monetaria. Como objetivo se plantea que se deberá extender el perfil de vencimientos, y mejorar la estructura de la deuda.
¿Qué significa lo anterior? Que la estrategia de financiamiento debe enfocarse en extender plazos, y reemplazar gradualmente instrumentos indexados a la inflación (CER) o al tipo de cambio (dólar linked) por instrumentos de tasa fija, a medida que avance el proceso de desinflación. Estaremos atentos en este sentido a las próximas licitaciones de deuda en pesos, donde el Tesoro ha enfrentado problemas para estirar vencimientos. Obviamente estas fueron en un contexto de incertidumbre que parece haber quedado atrás, al menos en lo inmediato.
¿Y el resto de la macroeconomía?
El FMI resalta la necesidad de profundizar las reformas estructurales para crear una economía más abierta y orientada al mercado.
Para lo anterior es clave el mercado laboral. Donde tras reformas que buscan mayor flexibilidad para negociar salarios y el régimen de indemnización a nivel sectorial, se continuará promoviendo la adopción del nuevo marco a más sectores, al tiempo que se analiza una reforma más amplia del mercado laboral.
Esa reforma debe apoyar la movilidad laboral hacia sectores con mayor potencial y ventaja comparativa, especialmente en un contexto de eliminación progresiva de restricciones a las importaciones. Lo que puesto en términos simples significa que habrá sectores de baja competitividad que indefectiblemente caerán en desgracia, mientras que otros sectores tendrán una explosión y necesidad de absorber esos recursos.
En una economía como la Argentina, que durante muchísimos años vía proteccionismo promovió sectores ineficientes y que empobrecieron a su costa a la población, ha llegado el momento de dar vuelta esa triste página de su historia.
Hacia adelante el FMI espera que el PBI real crezca alrededor del 5,5% en 2025, y que converja a aproximadamente un 3% en el mediano plazo, impulsado por una agenda de reformas pro-crecimiento y fuertes perspectivas en los sectores de energía y minería.
En materia de inflación, se espera que baje a un rango entre 18% y 23% a fines de 2025, y que alcance cifras de un solo dígito para 2027, gracias a políticas contractivas (el presidente promete que eso pasaría antes, en el 2026).
Por último, la cuenta corriente externa se proyecta que pase de un superávit del 1% del PBI a un leve déficit en 2025, reflejando un deterioro en los términos de intercambio y una recuperación cíclica de la demanda interna.
Como conclusión, debemos reconocer que por primera vez en mucho tiempo el plan puede ser muy bueno para Argentina. Pero mejor aún, podemos decir que parece alcanzable.