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Hay un dato de este año que pasó bastante desapercibido y que, para mí, marca un antes y un después: en el primer semestre de 2026 el petróleo crudo se convirtió en el principal producto de exportación de la Argentina. Le ganó al maíz y a la harina de soja. Sí, en el país de la soja.

Y no es una anécdota. Es la punta de algo mucho más grande.

Hace unos días leí un artículo de Funds Society que me dejó pensando. Plantea que la pelea por el capital global ya no se libra sólo entre países, monedas o mercados, sino también por el tipo de energía que sostiene a cada economía. De un lado, los petroestados: los grandes productores de petróleo y gas, con fondos soberanos repletos de dólares. Del otro, los electroestados: las economías que apuestan por electricidad, redes, baterías, paneles y minerales críticos. China es el caso más claro.

Argentina tiene el potencial de ser uno de los pocos países del mundo que puede cobrar de los dos lados de esta pelea. Con una condición clave, que te cuento al final.


Electroestados vs Petroestados

El término «electroestado» se instaló en 2025, cuando el Financial Times se preguntó si China sería el primer electroestado del mundo, y el think tank Ember lo confirmó con números. La definición más útil es simple: un país donde una porción grande y creciente de la energía que se consume llega en forma de electricidad.

Ahí China corre con mucha ventaja. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la electricidad representaba hace un par de años alrededor del 28% del consumo final de energía en China, contra el 22% de Estados Unidos y el 21% de la Unión Europea. Según Ember, Estados Unidos y Europa están estancados apenas arriba del 20% desde 2008. Y no es solo consumo: China fabrica cerca del 80% de los paneles solares del mundo, más del 75% de las baterías y refina 19 de los 20 minerales estratégicos que sigue la AIE.

Del otro lado están los petroestados del Golfo. No tienen la tecnología, pero tienen algo que ninguna transición borra de un día para el otro: caja. En el primer semestre de este año, sus fondos soberanos comprometieron un récord de USD 53.900 millones, con la inteligencia artificial y la tecnología a la cabeza. Es decir, usan la plata de la vieja energía para comprar activos de la nueva.

¿Y quién va ganando? Los números de la AIE para 2026 ayudan a dimensionarlo:

  • La inversión energética global llega a unos USD 3,4 billones (millones de millones), un poco más que en 2025.
  • De eso, unos USD 2,2 billones van a renovables, redes, almacenamiento, nuclear y eficiencia.
  • Petróleo, gas y carbón se llevan unos USD 1,2 billones.
  • Solo en redes eléctricas se invierten unos USD 550.000 millones, 20% más que el año pasado.

Pero el primer punto interesante es si uno abre esos números, lo único que cae es la inversión en extracción de petróleo, que baja por tercer año seguido. El gas, en cambio, sube a su máximo en diez años por la ola de nuevos proyectos de GNL. Y el carbón, aunque cueste creerlo, llega a su nivel más alto desde 2012.

O sea: el mundo no está reemplazando una energía por otra. Está sumando. Necesita más de todo al mismo tiempo, por la electrificación, la inteligencia artificial, la industria y, sobre todo, por la seguridad energética.

Y en un mundo que suma fuentes de energía en lugar de reemplazarlas, el que tiene recursos de los dos tipos tiene una ventaja enorme.


El rol de Argentina

¿De qué lado está Argentina? Mi respuesta es: de los dos. Pero con tiempos muy distintos en cada uno.

En julio, Argentina produjo 916.200 barriles diarios de petróleo, récord histórico, 17% más que un año atrás. Más del 70% sale de Vaca Muerta. Para que se entienda la magnitud: hace tres años producíamos unos 520.000.

El millón de barriles diarios está a la vuelta de la esquina. Y lo más importante: Vaca Muerta es rentable sin Ormuz. Su costo de equilibrio está en torno a USD 34 a 45 por barril, contra unos USD 67 del Permian en Texas. El precio alto de hoy es un extra, no el fundamento.

El impacto macro ya se ve:

  • En 2025, el superávit energético fue récord: USD 7.815 millones, según el INDEC.
  • Entre enero y julio de 2026 ya acumula USD 6.853 millones, 84% más que el año pasado.
  • La cámara de empresas petroleras proyecta exportaciones por USD 30.000 millones en 2030 y USD 40.000 millones en 2035.

La misma cámara proyecta un superávit energético neto de unos USD 28.000 millones en 2030: equivaldría a lo que históricamente generó todo el complejo sojero. Para un país cuyo problema crónico fue siempre la falta de dólares, eso es un cambio de régimen.

La siguiente pieza es el GNL, que convierte a la Argentina en proveedor de seguridad energética para Europa y Asia. Southern Energy (PAE, YPF, Pampa, Harbour y Golar) firmó con la alemana SEFE el mayor contrato de GNL de nuestra historia, y su primer barco de licuefacción empezaría a operar a fines de 2027. El proyecto grande, Argentina LNG, de 12 millones de toneladas anuales, tiene su decisión final de inversión prevista para el 26 de noviembre.

Del lado del electroestado, el activo que ya genera caja es el litio. En 2025 se produjeron unas 116.000 a 122.000 toneladas de carbonato de litio equivalente, alrededor del 8% de la oferta mundial, con exportaciones por unos USD 914 millones. En lo que va de 2026, el precio en China duplicó el promedio del año pasado, y las exportaciones de carbonato de litio de enero a julio crecieron 187%, a unos USD 1.170 millones.

Pero hay un dato incómodo: más del 80% de ese litio va a China. Hoy no somos un electroestado. Somos proveedores del electroestado chino.

La gran promesa es el cobre, el metal de las redes eléctricas. Argentina no produce cobre desde que cerró Bajo de la Alumbrera en 2018, pero tiene una cartera de proyectos de primer nivel. El más grande, Vicuña (BHP y Lundin, en San Juan), entró al RIGI con un compromiso de USD 9.700 millones, que podría llegar a unos USD 18.000 millones, y una producción promedio proyectada de 395.000 toneladas anuales. Detrás vienen Los Azules, El Pachón, MARA y Taca Taca.

El cobre cotiza en máximos históricos, cerca de USD 14.500 la tonelada. El problema es el calendario: el primer cobre nuevo llega en 2029, y los grandes proyectos, en 2030 o después.

En resumen: el petróleo y el gas pagan hoy; el GNL paga desde 2027-2028; el cobre, desde 2030. Tres horizontes, tres perfiles de riesgo distintos.


La condición clave para el futuro

Hay una palabra clave para que Argentina pueda desarrollar todo su potencial: infraestructura.

La AIE señala que el gran cuello de botella del electroestado global son las redes: hay más de 2.500 GW de proyectos en el mundo esperando conexión. Bueno, nosotros tenemos nuestra propia versión, en los dos tableros.

En el petróleo, faltan caños. El oleoducto que saca el crudo de la cuenca neuquina se saturó en 540.000 barriles diarios. En junio se perdieron más de mil etapas de fractura en un solo mes, no por falta de equipos, sino por problemas de logística: arena, agua, caminos. La salida viene en dos tramos:

  • La ampliación Duplicar Norte (+220.000 barriles diarios), que entra en parte a fines de este año y completa en el primer trimestre de 2027.
  • El VMOS (Vaca Muerta Oil Sur), el oleoducto a Punta Colorada, en Río Negro: arranca con 180.000 barriles diarios entre fines de 2026 y principios de 2027, sube a unos 550.000 en el tercer trimestre de 2027 y llega a 700.000 desde 2028.

En mayo, casi la mitad del salto de las exportaciones energéticas vino del precio, no del volumen. El de 2027 tiene que venir de los barriles, y eso depende de que estas obras lleguen en fecha.

En la electricidad, faltan cables. Hace unos 20 años que no se amplía la red de alta tensión de 500 kV. La primera línea privada, AMBA I (USD 800 millones), abre sobres en diciembre y tarda cuatro años y medio en construirse. Sin red no hay cobre, no hay data centers y no hay electroestado. Los anuncios de centros de datos para IA en la Patagonia, por ejemplo, son por ahora eso: anuncios. Ninguno está en construcción.

Y en el RIGI, falta que los anuncios se transformen en dólares. Al 2 de octubre había 23 proyectos aprobados por unos USD 49.700 millones, y otros 24 en evaluación por unos USD 159.000 millones. Pero el ingreso neto efectivo de dólares por el RIGI hasta el primer trimestre fue de apenas USD 762 millones, según el BCRA. Entre el anuncio y el desembolso hay un trecho largo, y conviene no confundirlos.


Hablemos de inversiones

Primero analicemos qué empresas juegan un rol central hoy:

  • YPF: el líder indiscutido. Hace casi la mitad de las etapas de fractura de Vaca Muerta y está en todo: VMOS, Southern Energy y Argentina LNG.
  • Vista: la más pura en petróleo no convencional y la más exportadora. Compró los activos de Equinor en Vaca Muerta.
  • Pampa Energía: la más diversificada. Petróleo, gas, generación eléctrica, 20% de Southern Energy y la planta de urea.
  • TGS: el transporte y procesamiento de gas, con la ampliación del gasoducto Perito Moreno para el invierno de 2027.
  • Las privadas que emiten deuda: Pluspetrol, Tecpetrol y PAE, que no cotizan acciones pero sí obligaciones negociables.
  • Las mineras globales: Rio Tinto (litio), BHP y Lundin (Vicuña), Glencore (El Pachón y MARA) y McEwen (Los Azules).

Una forma interesante de entender los tiempos para los inversores es pensar en tres horizontes.

Horizonte 1: la caja de hoy (Vaca Muerta). La exposición más directa son las petroleras que cotizan, que vienen de un segundo trimestre con resultados muy fuertes.

Horizonte 2: los caños y el GNL (2027–2028). Esta etapa se captura indirectamente a través de las mismas compañías: YPF y Pampa en Southern Energy y Argentina LNG, TGS en el transporte de gas y las ON de PAE y Pluspetrol. El catalizador concreto para seguir es la decisión de inversión de Argentina LNG del 26 de noviembre.

Horizonte 3: el electrón (2030 en adelante). Para la pata del cobre y las redes, el ahorrista argentino llega sobre todo vía CEDEARs. El ETF de mineras de cobre COPX, que entró al programa de CEDEARs en enero, sube 18% en el año y 46% en los últimos doce meses. El ETF de redes eléctricas GRID, 16% en el año. Ojo con un detalle: dentro de gigantes como Rio Tinto o BHP, los proyectos argentinos pesan poco. Es una apuesta al tema global, no a la Argentina.

Pero antes de cerrar y como siempre me gusta decir. Analicemos los riesgos:

  • El riesgo país volvió a subir. Pasó de unos 430 puntos básicos antes de julio a 636 el 1 de octubre. Según Dhalmore Capital, la mayor parte de esa suba se explica por factores locales: la incertidumbre electoral de 2027, una actividad que no termina de rebotar y menos compras de dólares del BCRA. Los activos argentinos, aun los mejores, no se despegan de eso.
  • El precio del petróleo es un arma de doble filo. Las empresas armaron sus proyecciones con un barril de USD 82 a 85. Hoy está en 105, pero si Ormuz se normaliza puede volver rápido a los 70 y pico, o menos. Vista es la más sensible a ese movimiento, para bien y para mal.
  • La ejecución. La decisión de Argentina LNG ya se demoró varios meses, y el financiamiento no va a estar cerrado al momento de tomarla. Los cronogramas de VMOS y de los barcos de GNL tienen que cumplirse.
  • El litio depende de China. Más del 80% de lo que exportamos va a un solo comprador, y algunos analistas ya advierten que el precio actual corre por delante de los fundamentos.
  • La licencia social. Los grandes proyectos mineros necesitan acuerdos con comunidades y provincias que no siempre llegan, y el agua es un tema sensible en toda la cordillera.
  • Las utilities son otra historia. Transener, TGN o Edenor aparecen con grandes potenciales de suba en los informes de los brokers, pero dependen de que se sigan aplicando las actualizaciones de tarifas. Son las más expuestas a un cambio político en 2027.

El mercado parece estar separando dos grupos. De un lado, los exportadores con ingresos en dólares y la protección del RIGI, que quedan relativamente aislados del ciclo político. Del otro, los negocios regulados, que viven de las tarifas. No es lo mismo invertir en uno que en otro.

Argentina tiene algo que muy pocos países tienen: recursos para jugar en los dos tableros. Petróleo y gas de costo bajo, lejos de Ormuz, para un mundo que necesita seguridad energética. Y litio y cobre para un mundo que se electrifica. Pero los recursos no alcanzan. Lo que va a definir si esto es un boom o una oportunidad perdida más es lo que pase arriba de la tierra: caños, cables y reglas que duren más que un ciclo electoral.

La pregunta que como inversores debemos respondernos es si Argentina será capaz de atraer, administrar y multiplicar el capital necesario para construir la infraestructura de las próximas décadas.

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Algunos anuncios para cerrar:

  • No olviden hacer su propio análisis de riesgo.
  • Nada de lo expuesto es recomendación de compra, ni de venta.