El dólar es una obsesión para los inversores. Es nuestra unidad de cuenta para operaciones relevantes como comprar un auto, o un inmueble. Y sin dudas es nuestra reserva de valor. Podemos discutir si es una buena reserva de valor (spoiler: no lo es), pero la realidad es que el argentino le ha dado ese lugar sin mayor discusión. Los números respaldan esta afirmación, según un estudio de The Dial, los argentinos poseen aproximadamente el 10% del total de los billetes de dólar en circulación a nivel global. Estamos hablando de aproximadamente USD 200.000 millones, un promedio de USD 4.400 por habitante lo que supera al promedio de los propios estadounidenses (USD 3.083 por habitante).
A lo anterior deberíamos sumar los depósitos en el sistema financiero local, en el exterior, y otros. Queda claro el punto que nos interesa: el argentino está entre los principales interesados por el futuro del dólar, al mismo nivel que un nortemearicano. Y la realidad es que este año el dólar la ha tenido difícil, en lo que va del año ha perdido alrededor de 9% de su valor contra un índice de monedas.
Dollar Index en el año
Ha perdido alrededor de 11% contra el Euro.
USD/EUR en el año
Y ha perdido más de 20% de capacidad de compra contra el oro.
USD/Oro en el año
Quienes nos siguen no deberían verse sorprendidos por esto. Lo alertamos en el 2024 en nuestro artículo “El fin del superciclo del dólar” https://ferjgalante.com.ar/%f0%9f%92%b5-el-fin-del-super-ciclo-del-dolar-%f0%9f%92%b5/
y hace poco profundizamos con nuevos riesgos en nuestro artículo “El dólar en la cuerda floja” https://ferjgalante.com.ar/el-dolar-en-la-cuerda-floja/
Por eso no tiene sentido volver a estos temas, sino que hoy queremos hablar sobre una “brillante” idea que se le ocurrió a Trump para que “la banda siga tocando”.
GENIUS ACT y el último manotazo de ahogado
El día de la asunción del nuevo gobierno de Trump coincide con el comienzo de la aceleración en la caída del dólar. La expectativa estaba alrededor del rumbo. Si Trump tomaba la decisión de iniciar un proceso de ajuste fiscal (como prometía en su alianza con Elon Musk y en sus piropos a Milei), y con ello de estrategia de control sobre la creciente deuda norteamericana, podía haber esperanza. Como ya sabemos Trump decidió ir por otro lado.
Llegó con la promesa del plan 3×3 del Secretario del Tesoro, Scott Bessent: incrementar la producción de petróleo en tres millones de barriles por día, un crecimiento del PBI del 3% anual, y reducir el déficit fiscal a 3% del PBI. La realidad muestra que la producción petrolera y el crecimiento se han desacelerado, y que la reciente “Big Beautiful Bill” promete empeorar el frente fiscal antes que mejorarlo.
En el medio, las tasas de interés largas en Estados Unidos han aumentado, haciendo más onerosa la tremenda deuda, y la desconfianza ha generado algunos problemas para renovar vencimientos (sumado a una reciente baja de calificación crediticia). Pero Trump cree haber encontrado una forma de evitar lo que parece inevitable. ¿Qué pasa si Estados Unidos encuentra un mecanismo para que el mundo siga demandando dólares sin mirar sus variables macroeconómicas? ¿Qué pasa si Estados Unidos encuentra un mecanismo para que el mundo lo siga financiando con los ojos cerrados?
Y ahí entra un nuevo aliado para Trump: el mundo cripto. Recientemente el Senado aprobó la GENIUS Act, una ley que regula el uso de stablecoins. ¿Qué son las stablecoins? Son criptomonedas cuyo valor está vinculado a otro activo estable, como puede ser el dólar estadounidense. Su objetivo es que el precio de esta criptomoneda se mantenga constante en dólares. ¿Cómo lo logran? La forma más común (y la que regula esta ley) es respaldándose con reservas, en este caso en dólar o en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Ya existen varias, pero las más conocidas son USDT, USDC y DAI.
La GENIUS Act tiene como objetivo crear reglas para los emisores, y fomentar la adopción y uso. Y de acuerdo al mismo Bessent, incentivar una mayor demanda de bonos del Tesoro, reduciendo costos de financiamiento y fortaleciendo el dólar. De acuerdo a Morgan Stanley, esta ley podría aumentar la demanda de bonos en 1,6 billones de dólares en dos años. Para AInvest el crecimiento de la demanda podría alcanzar los 2 billones de dólares. Esto transformaría la forma en que Estados Unidos financia sus déficits, en un momento donde el mercado duda.
¿El objetivo es alcanzable? Difícil. Toda solución que apunta a esconder la basura debajo de la alfombra es de dudosa eficiencia. Lo ideal es atacar la causa de los problemas: el déficit. Los argentinos sabemos bien lo que pasa cuando se atacan las consecuencias de los problemas, y no las causas.
Conclusión: puede ayudar a dilatar por un poco de tiempo las necesidades imperiosas de atacar el problema fiscal. Pero no lo soluciona. Es decir que, como inversores, creemos que la recomendación se mantiene: armar carteras diversificadas en monedas e internacionalmente.